Adrián Barilari: la casa de los fantasmas, un trabajo en el cementerio y las claves del éxito de un prócer del rock local

Adrián Barilari, cantante de Rata Blanca y prócer del heavy metal argentino; se prepara para una serie de tres shows bien distintos, con los que recorrerá su carrera solista, los clásicos del rock y… algún que otro tango

Por: Pablo Mascareño

Hizo de su apellido una marca en el mundo de los acordes pesados del rock y del metal. Y aunque sigue siendo la voz de Rata Blanca, la banda icónica del género, su carrera como solista lo llevó a transitar nuevas poéticas, sonidos propios que confirman su identidad metalera, pero que se permiten transitar otras estéticas que conforman ese vasto bagaje que mostrará el 16, 17 y 18 de octubre en tres conciertos en streaming por la plataforma Ticket Hoy. Barilari x 3 se define la propuesta, pero podrían sumarse varios Adrián Barilari más.

«Será un pequeño libro ilustrado. La idea es hacer algo distinto en esta especie de gira de fin de semana donde aprovecharemos el espacio para hacer tres conciertos», anticipa Adrián Barilari en una extensa charla con LA NACION donde, además, se permite contar aspectos poco difundidos de su vida personal: «Los cantantes de metal no somos de mostrarnos mucho, como puede pasar con el pop».

Tenor lírico ligero, así figura en los papeles. Lo cierto es que Adrián Barilari construyó una manera de decir personal, identificable, que no se permite encorsetar. «Como comencé a cantar desde muy pequeño, hay material que data de 25 años antes de mi ingreso a Rata Blanca. En estos conciertos me interesa mostrar eso, la idea es enfocarse en el material que no se conoce mucho». El viernes 16 de octubre será el turno de repasar la discografía rock y metal, al día siguiente mostrará el repertorio definido como Canciones doradas, y el domingo 18 se dedicará a sorprender desde el tango. «Cada noche tendré un invitado para charlar de manera distendida, será una especie de Late Night Show. Vamos a contar cómo llegué hasta donde llegué, mostraremos imágenes de archivo y grabaciones», anticipa con una voz carraspeada que delata lo que él confirma: «Me acabo de despertar».

Multiplicado

La primera noche mostrará una de las facetas más difundida del músico: «Será el recorrido por mis cuatro álbumes como solista. Voy a seleccionar algunos temas de cada uno de estos materiales». El concierto repasará el contenido de BarilariAbuso de PoderBarilari 4 e Infierock. En lo que respecta a Canciones doradas, irá en busca de recrear el espíritu de ese material que registró con músicos invitados como Juanchi Baleirón, Ángel Mahler y Patricio Sardeli: «Tuvo mucho éxito entre los fans, así que haré hits de los 70 y 80 de Queen, Eric Clapton y U2, en versiones en español». El domingo 18 se convertirá en un hito dado que mostrará su poco conocida afición por el dos por cuatro: «Me acompañará un quinteto y será la primera vez que cantaré tangos profesionalmente. En público solo lo hice desde las redes, cuando comenzó la pandemia, pero gustó mucho, así que lo vamos convertir en un espectáculo en vivo».

-¿Dónde nace esa cercanía con el tango?

-Canto los temas que escuchaba de pibe. No puede faltar «Cambalache», de Enrique Santos Discépolo, algo de Mariano Mores, y también voy a cantar «Fogón de huella», un tango no muy conocido, pero que cantaba a mi mamá cuando tenía seis años. Es un tango campero muy lindo que no cantó mucha gente.

Aquella partitura algo olvidada fue uno de los títulos que formó parte del repertorio de Roberto Goyeneche; acaso algo de esa carraspera se puede vislumbrar en Barilari. «Si no me tomo estas libertades a esta altura de mi carrera, se me va el tiempo. Desde chico canté todos los géneros, por eso, ante todo, me siento cantante. Si el fin de semana hubiese tenido un día más, hasta podría haber armado una noche de folklore. Quiero darme los gustos, no soy cantante de tangos, pero me da el cuero, lo siento y las cuerdas vocales lo permiten. Si me agarra un Goyeneche me mata, pero se trata de homenajear», se sincera recordando aquellos tiempos en los que el tango sobrevolaba la casa familiar de Villa Lugano, barrio al que se mudó su familia que era oriunda de la lindante Villa Celina.

Guerrero del Arco Iris

«Debo saber si en verdad, en algún lado estás. Solo el amor que tú me das, me ayudará». Aquello en su voz se convirtió en uno de los himnos de Rata BlancaIngresó a la banda fundada por Walter Giardino cuando la agrupación llevaba solo dos años de vida. Allí encontró ese deseo por el que había luchado tanto tiempo y sin resultados positivos.

«Desde los 15 años quería hacer algo en el mundo de la música, pero las puertas se cerraban. Me casé joven, tuve un hijo y, a los 29 estaba dejándolo todo. Pensaba que la vida como artista no era para mí, incluso tenía un trabajo estable sin vinculación con lo artístico. Cuando aparece la propuesta de Rata Blanca pensé: ´Este es el último tren´. Y me subí». A diferencia de lo que sucede con la mayoría de los músicos, Barilari encontró el camino definitivo y la repercusión pública ya siendo un joven maduro: «Siempre digo que, si me hubiese tocado la fama, el dinero y el sexo droga y rock and roll a los 18 años, hoy no estaría acá. Hay que mirar por encima del hombro y pensar que los años pasados fueron para estudiar y formarme para cuando se presentara la oportunidad. Así fue».

-Llegaste a la banda y, rápidamente, apareció la repercusión masiva.

-Pasé de ser anónimo a tocar en el Ópera a los dos meses de ingresar a Rata.

En 1993, por disidencias con las decisiones de estilo que iba imprimiendo Walter Giardino, Barilari abandona la banda, a la que regresaría en el año 2000: «No se terminó la historia, todavía tenemos tela para cortar». En ese paréntesis en torno al trabajo con Rata Blanca, forma Alianza con el tecladista Hugo Bistolfi, que también había partido de la agrupación. Cuando vuelve a trabajar con Giardino, Barilari ya no discontinúa su carrera en solitario. Su álbum Barilari contó con la participación de Jens Johansson, de Stratovarius y de Emppu Vuorinen, de Nightwish, entre otros.

-¿Considerás que la experiencia solista te dio nombre propio y, a partir de allí, dejás de ser solo «el cantante de Rata Blanca»?

-Para mucha gente puede ser que haya sucedido eso. A mí no me molesta para nada compartir la vida en Rata Blanca con la actividad solista que desarrollo cuando me lo permite la agenda, ya que con la banda realizamos muchas giras y eso nos consume el tiempo.

-¿Cómo es tu vínculo con Walter Giardino en lo artístico y en lo personal?

-En lo musical hay un entendimiento de 25 años: yo sé cómo él compone y él sabe hasta donde voy cuando canto. Nos queda cómodo trabajar juntos. En lo personal, somos una pareja de un cuarto de siglo, así que tratamos de vernos menos porque cuando salimos de gira estamos uno o dos meses juntos. En los tours, obviamente, pasa de todo, tenemos las discusiones lógicas y las comidas compartidas. Cuando volvemos, cada cual hace su vida, se queda con su familia, así que solo hablamos por teléfono para ponernos de acuerdo sobre las cuestiones laborales.

-¿Ahora sobre qué hablan?

-Sobre la posibilidad de grabar un nuevo disco.

Lado B

«Prefiero la privacidad y no exponer demasiado. De hecho, en estos momentos me gusta estar encerrado con mi familia. Los primeros meses de la cuarentena sirvieron mucho para unir, no solo con mi mujer y mis hijos, sino con el resto de la familia», explica el músico sobre esa otra cara que complementa a la figura pública.

-¿Cómo está conformada tu familia?

-Mi hijo más grande tiene 30 y vive conmigo, nos llevamos muy bien, se hace querer y es muy trabajador. Y el más chico, que tiene 26 y es músico, voló hace tiempo, pero vive cerca de casa.

-¿Cuántos años llevás de matrimonio?

-26

-Bien alejado al imaginario, quizás algo prejuicioso, en torno a la figura del rock-star.

-Se puede mantener una vida ordenada. La familia es fundamental para apuntalar la carrera del artista y para que uno tenga los pies en la tierra. La vida me dijo: «Si querés una familia, armala y luego cumplí tus sueños. Por eso, cuando los cumplí tenía una familia que me apoyaba.

Barilari no sólo se dedicó a la música. Primero porque las oportunidades no llegaban y luego para equilibrar los posibles vaivenes de la vida artística, el cantante, que en noviembre cumplirá 61 años, tuvo un trabajo estable en el cementerio de la Chacarita. «Trabajé un largo tiempo allí. Más allá de ser estrella de rock, en un país como Argentina, donde todo cambia continuamente, hay que tener otra actividad. Acá no es como en Estados Unidos donde el músico anda en Ferrari y tiene una mansión en Hollywood».

-¿Qué actividad desarrollabas?

-Hacía trabajo de oficina en el sector de archivos, aunque muchos creen que me la pasé haciendo pozos para las tumbas o realizando entierros.

-Una imagen curiosa ver al músico entre legajos.

-Muchos fans se enteraban y venían a visitarme, no lo podían creer. Me divertía recibirlos, les firmaba autógrafos. Trabajaba a la mañana y ensayaba a la tarde, no molestaba para nada, hubiera sido una tontería dejar ese puesto.

Si todo tiene que ver con todo, Barilari puede dar fe de la máxima popular. Acaso esa labor en el gigante camposanto de Federico Lacroze y Corrientes haya tenido un correlato inquietante en su propia casa. Cuenta la leyenda que convivió con espectros: «Algo por el estilo sucedió. Vivía en un departamento de Caballito donde sucedían cosas extrañas, razón por la cual no me podía mudar».

-¿Qué sucedía concretamente?

-Se movían los muebles y de noche se escuchaban ruidos. Venía el vecino de abajo y me decía: «Ustedes a las seis de la mañana estuvieron moviendo muebles». Yo no creo demasiado, así que no le doy demasiada importancia a todo eso, pero mi mujer, que es parapsicóloga, tenía una percepción mayor a esas situaciones. Una vez, en una sesión espiritista se le comenzaron a abrir las ventanas de golpe.

A pesar de su incredulidad, el músico puede dar fe de una situación muy particular que le tocó vivir estando de gira en Barcelona: «Vino una señora a saludarnos. Nos pusimos a charlar y me contó que extrañaba mucho Caballito. Cuando le pregunté dónde vivía exactamente, me da mi dirección».

-¿Tu dirección?

-Me dice la calle, número, piso y departamento. Cuando le digo que ahí vivía yo, se puso muy seria y me contó que allí había fallecido su hijo. Eso hizo que me diera cuenta que me tenía que ir de ahí.

-¿Vos nunca percibiste nada?

-Los ruidos los atribuía a la madera que cruje, al viento, ponía excusas. Cuando se encendía sola la televisión, yo decía que el botón estaba en corto.

En las márgenes

-¿Considerás que el género que transitás padece cierta discriminación y que no cuenta con la difusión que sí tienen otros lenguajes musicales?

-En algún punto eso es real, Rata sufrió esa discriminación en cierto momento, sobre todo en comparación con el pop. Hubo una época en la que Rata estuvo a la altura de ventas de Soda Stereo, pero en las radios sonaba mucho más Soda. A pesar de los hits, Rata era vista como una banda de heavy metal con temas largos.

-¿Eso en qué afectaba a la difusión?

-Nos decían que las radios no podían pasar temas de más de cuatro minutos; hoy, por suerte, todo es más abierto. Tampoco era habitual que nos hicieran notas, pero nosotros nos enfocábamos en mirar para adelante.

-¿Había apoyo de las discográficas?

-No era el mismo que a otros géneros. Bandas de pop editadas hay un montón, en cambio de heavy metal no tanto. Es cierto que también venden menos, pero la cuestión es preguntarse si venden menos porque se difunden menos. Además, en aquellos tiempos era muy caro sonar en una radio. A los directivos de la discográfica les decían: «Dame a Luis Miguel y te paso a Barilari».

-Cuando te fuiste de la banda tuviste que aprender el negocio.

-Cuando entré a Rata Blanca, la banda tenía manager y productores. Yo entré a cantar, me dediqué a eso, no me interesaba la otra parte. Cuando armé Alianza fue empezar de cero, entender que había que firmar contratos, revisar muchas hojas, observar si había una palabra que no convenía o que nos ataba demasiado. El negocio de la música va paralelo a la música, en determinado momento hay que manejar las dos cosas, fue difícil.

-El artista no tiene por qué conocer esas cuestiones, pero el medio demanda esos aprendizajes.

-El artista solo quiere hacer lo suyo, no le interesa lo otro. Y cuando comienza a entender que, también, se trata de un negocio, ya perdió medio camino. ¿Cómo controlás la venta de discos? Nosotros sabíamos que habíamos vendido más de un millón. ¿Cuánto es más de un millón?

En 1990, con la edición de Magos, espadas y rosas, fue tal el fenómeno provocado por Rata Blanca que llegaron a llenar siete veces el estadio de Obras, algo inusual para el mundo del rock metálico. «Recorrimos tres veces las veinticuatro provincias del país». Cuando ya habían saturado los espacios para tocar, decidieron recurrir a las discos de música tropical del Gran Buenos Aires. Aquellos grandes salones les permitían montar el show de la envergadura acostumbrada y convocar a miles de fanáticos: «Nos decían ´Rata bailantera, se vendieron´, pero nosotros hacíamos nuestro show habitual para el público que nos seguía».

-¿Cómo nace ese gran misterio que es la inspiración?

-Soy letrista y hago melodías, por eso, cuando tengo el deseo de escribir, me junto con músicos compositores. Tener aliados me ha dado resultado para poder crear.

-¿Aparecen las musas en cualquier momento o es un ejercicio consciente?

-La inspiración llega cuando uno se enfoca. Si me lo propongo, va apareciendo algo. Esa es mi forma de trabajar. Tampoco me siento a escribir pensando que le va a gustar a tal o cual persona.

-Algunos de tus temas resuenan especialmente en este momento de pandemia mundial.

-Con Rata hicimos «Guerrero del arco iris» y hace dos años grabé «Enfermedad terminal». Sin duda, somos un poco responsables de lo que nos pasa. No soy adivino, pero con «Enfermedad terminal» traduje algo de lo que pasaba en el mundo con la contaminación, la tala indiscriminada, los tsunamis. Sabemos que estamos haciendo algo mal y que va en contra de nosotros mismos y yo siento que lo tengo que decir. Lo mismo cuando critiqué algo de la política, siento la necesidad de esa catarsis. En 2008 saqué «Miedo a sobrevivir» porque como padre sentía miedo cuando mis hijos salían, había una gran inseguridad y no pegaba un ojo hasta que volvían a casa. Es grave cuando una sociedad se siente abandonada en la seguridad.

 

Fuente: LA NACION

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